En esta unidad se nos han planteado una serie de preguntas sobre el proceso de aprendizaje y las técnicas para motivar al alumnado, así como nuestro propio tipo de aprendizaje, tal y como queda reflejado a continuación:
1) ¿Qué
factores cree que condicionan el proceso de aprendizaje?
Capacidad del alumno. Contexto socioeconómico del alumno.
Relación de los alumnos entre sí. Capacidad de transmisión y motivación del
profesor. Diferencias de nivel entre los alumnos.
2) ¿Qué
lenguas habla? ¿Qué le motivó a aprenderlas?
Inglés: era obligatoria en el colegio y luego seguí
estudiándola para poder comunicarme con el resto del mundo.
Francés: el deseo de trabajar en África donde hay muchos
países francófonos, y el amor por los idiomas.
Español: amo el español.
3) Elija las cinco características que tiene un profesor motivador para
usted.
·
Muestra entusiasmo y suscita interés en los
alumnos.
·
Adecúa las actividades al mundo, intereses y
experiencias de los alumnos.
·
Sabe cuándo y cómo corregir.
·
Fomenta la comunicación auténtica en el aula.
· Es capaz de desarrollar confianza en los alumnos
y autonomía de aprendizaje.
4) Técnicas
docentes para motivar a los alumnos:
1) Puede que la utilice:
· Evitar
comparaciones entre alumnos, valorar los progresos individuales: tengo
claro que las comparaciones son odiosas, pero sé que a veces trataría a algunos
que trabajan más con una deferencia que no es justa. Aquí tengo que poner mucho
empeño para no ser desmotivadora.
·
Informar a
los alumnos sobre el objetivo y la finalidad de lo que van a hacer: como
alumna aprecio saber qué es lo que hago y para qué lo hago. Como docente, creo
que es importante transmitir al alumno lo mismo, pero no sé si es fácil en cada
momento de la enseñanza identificar el objetivo y la finalidad de lo que van a
hacer de una manera clara, y, sobre todo, transmitirlo adecuadamente.
· Favorecer
la autoevaluación: al no haberme autoevaluado nunca en ningún sistema de
enseñanza por los que he pasado, formal e informal, creo que la autoevaluación
es una técnica que requerirá de mucho trabajo por mi parte para manejarla de
manera que la vea tan eficaz como la evaluación externa. Seguramente, es falta
de conocimiento por mi parte, que habría de suplir con estudio y constancia.
2) La utilizaría:
· Ayudar al
alumno a ser consciente de sus capacidades, de sus puntos fuertes y de sus
carencias: siempre, sobre todo de lo positivo, lo negativo ya le viene de
todos lados. Importante este punto en el que, como siempre, se necesita la
colaboración de múltiples y variadas instancias que, en ocasiones, o, mejor
dicho, casi siempre, se escapan de las manos del profesor.
·
No
limitarse al manual, utilizar otros medios y recursos: es muy aburrido como
alumno y estimo que frustrante para el profesor limitarse a dar una clase
siguiendo un guión marcado por un manual en del que ni siquiera se ha formado
parte. Hoy en día, además, cuando los alumnos pertenecen a una era diferente,
la digital, me parece absurdo y cómodo limitarse al manual.
·
Elegir
temas que les interesen y tener en cuenta sus conocimientos previos y su mundo:
sin ninguna duda, por mucho que a mí me puedan seguir gustando Serrat o Sabina,
hay que tener muy presente cuál es el mundo en el que se mueve el discente, qué
conoce y qué no, para tratar de abordar la enseñanza sobre unos temas que, por
conocidos, les puedan resultar más fáciles a la hora de comunicarse con los
demás del grupo.
·
Darles la
oportunidad de hablar de sí mismos: curiosamente, creo que siempre utilizaría
esta herramienta, por defecto más que por convicción, pues el hecho de que a mí
me interese sobremanera las cuitas de cada uno de los alumnos no implica que
todos ellos se sientan cómodos hablando de sí mismo. Esta técnica tendría que,
de nuevo, verla, estudiarla, analizarla y despojarme de mis preferencias para
saber si he de utilizarla o no y con qué fines.
· Transmitirles
que los errores forman parte del proceso de aprendizaje: como la vida, el
error es fundamental para el crecimiento. En la enseñanza, de igual manera,
cuando nos equivocamos en algo y ese algo nos es corregido de manera motivadora
y respetuosa, solemos recordarlo más que nuestros aciertos. Sin duda les
transmitiría todo el tiempo y con toda la intensidad la aseveración adjunta.
5) Mi
estilo predominante de aprendizaje es: visual, auditivo, cinestético,
táctil.
6) El
estilo que menos utilizo es: social, individual.
CONCLUSIÓN Y REFLEXIÓN: una vez más, y como sucede cada vez que me "enfrento" con cualquier material relativo a la enseñanza, me doy cuenta de lo difícil y relevante que es la profesión de enseñante. Es muy importante tener en cuenta no sólo qué estilo de aprendizaje tiene el alumnado, para utilizar las técnicas motivadoras más adecuadas, sino también cuáles son sus necesidades, objetivas o subjetivas, que le llevan a encarar el proceso de aprender una lengua extranjera. La complejidad de la situación, la casuística tan enorme que hay, me hace preguntar cómo el profesorado puede lidiar con todos los factores que debe considerar para poder llevar a cabo efectiva y felizmente su labor docente. Creo que en la época en la que yo estudiaba la pedagogía era mucho más llana y simple, y nadie se paraba a observar si quería estudiar inglés para mi futuro negocio o porque me apetecía ver las películas de David Lynch en versión original. Finalmente, la tarea de motivar a un alumnado tan variopinto, con unas técnicas abiertas, se me antoja realmente difícil, pese a considerarme alguien con una clara vocación docente y capacidad de transmisión. Este curso me demuestra cada día que con eso no se llega a ninguna parte: complejidad sería la palabra que resume todo lo que voy viendo hasta ahora, de una forma, claro está, superficial. Mucho camino me queda por recorrer.
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