1) Piense qué significa para usted el término de "autonomía", de forma general, y escriba una pequeña definición. ¿Es válida como punto de partida del estudio de la autonomía en el aprendizaje?
Creo que este comentario va a estar teñido de subjetividad, y eso no es bueno. Dadas mis circunstancias personales (un pequeño problema de salud mental), la carencia durante algunos períodos de mi vida de una plena autonomía ha hecho que, como suele suceder a la mayoría de las personas, que valoran las cosas cuando las pierden o carecen de ellas, dicha característica del comportamiento se haya erigido en un símbolo de la lucha diaria contra las limitaciones que me impone mi "deficiencia" crónica. Es curioso como mi referente máximo, el DRA, en su acepción segunda, define autonomía como "Condición de quien, para ciertas cosas, no depende de nadie", y en su acepción 5ª, se descuelga con un "Tiempo máximo que puede funcionar un aparato sin repostar". Esta última me ha llamado mucho la atención, pues me parece que, metafóricamente, puede aplicarse a cualquier persona y cualquier medio que le ayude a seguir adelante sin necesidad de nadie, como a un coche la gasolina, a una nevera la electricidad, etc, etc. Las personas también necesitamos repostar, unas más a menuda que otras, y todas con una alimentación diferente. La ley de dependencia define el término del que estamos hablando como "la capacidad de controlar, afrontar y tomar, por propia iniciativa, decisiones personales acerca de cómo vivir de acuerdo con las normas y preferencias propias, así como de desarrollar las actividades básicas de la vida diaria".
Una vez leído lo que dejo puesto como nota más abajo, creo que es mucho más fácil ser autónomo en el aprendizaje que serlo en la vida diaria, pues no contamos con todas las herramientas, muchas veces, por enfermedad, situación personal, contexto, etc, etc, para, inconscientemente, ejercitarla. Sin embargo, sí podemos decidir ser autónomos en el aprendizaje, responsabilizarnos y decidiendo sobre cómo queremos que sea el mismo, cuáles son nuestros objetivos, cómo deseamos que se desarrollen las prácticas, cuáles son las técnicas, estrategias y materiales que consideramos más adecuados a nuestra personalidad y, por tanto, más efectivos para nuestro aprendizaje (todas estas cuestiones, como sabemos, las hemos visto ya en la unidad anterior cuando hablábamos de las decisiones que, según la enseñanza comunicativa de las lenguas, debe tomar o puede tomar el alumno que se enfrenta a una lengua extranjera por primera vez, dado su el nuevo papel que tanto a él como al profesor se le otorga, tras la crisis del método, en la nueva metodología que se intenta aplicar en el aula.
NOTA: Sin embargo, supongo que aquí estamos hablando de autonomía en el aprendizaje, y, según el diccionario de términos clave de ELE del Instituto Cervantes, entendemos por tal "la capacidad que desarrolla el alumno para organizar su propio proceso de aprendizaje". Continúa el diccionario diferenciándola de la autonomía general, que es, dice "de carácter espontáneo e inconsciente, que cada persona puede ejercer en la vida cotidiana, la autonomía en el aprendizaje es intencional, consciente, explícita y analítica." Su ejercicio implica la determinación del aprendiente de ser responsable y de tomar decisiones personales sobre su aprendizaje, así como la voluntad de participar, junto con el docente, en la negociación de los siguientes aspectos: la identificación de las propias necesidades de aprendizaje y la definición de sus objetivos; la planificación de las clases; la selección de los contenidos y el establecimiento de su secuenciación; la selección de los materiales didácticos adecuados; el entrenamiento en el uso de técnicas y estrategias varias, pero muy especialmente las de aprendizaje y las metacognitivas; y, finalmente, la realización de la autoevaluación.
CONCLUSIÓN: como vemos, la definición genérica de autonomía no es válida como punto de partida del estudio de la autonomía en el aprendizaje. Para que la puedan desarrollar adecuadamente los alumnos, hemos de saber que cuando hablamos de autonomía del aprendizaje nos estamos refiriendo a términos como responsabilidad, reflexión, estrategias, consciencia, "aprender a aprender", etc.
NOTA IMPORTANTE: no debemos confundir nunca autonomía con autoaprendizaje, sin profesor. La autonomía sólo se desarrolla cuando se pone un plan de acción en relación con el profesor, los alumnos de la clase y la vida social.
Creo que este comentario va a estar teñido de subjetividad, y eso no es bueno. Dadas mis circunstancias personales (un pequeño problema de salud mental), la carencia durante algunos períodos de mi vida de una plena autonomía ha hecho que, como suele suceder a la mayoría de las personas, que valoran las cosas cuando las pierden o carecen de ellas, dicha característica del comportamiento se haya erigido en un símbolo de la lucha diaria contra las limitaciones que me impone mi "deficiencia" crónica. Es curioso como mi referente máximo, el DRA, en su acepción segunda, define autonomía como "Condición de quien, para ciertas cosas, no depende de nadie", y en su acepción 5ª, se descuelga con un "Tiempo máximo que puede funcionar un aparato sin repostar". Esta última me ha llamado mucho la atención, pues me parece que, metafóricamente, puede aplicarse a cualquier persona y cualquier medio que le ayude a seguir adelante sin necesidad de nadie, como a un coche la gasolina, a una nevera la electricidad, etc, etc. Las personas también necesitamos repostar, unas más a menuda que otras, y todas con una alimentación diferente. La ley de dependencia define el término del que estamos hablando como "la capacidad de controlar, afrontar y tomar, por propia iniciativa, decisiones personales acerca de cómo vivir de acuerdo con las normas y preferencias propias, así como de desarrollar las actividades básicas de la vida diaria".
Una vez leído lo que dejo puesto como nota más abajo, creo que es mucho más fácil ser autónomo en el aprendizaje que serlo en la vida diaria, pues no contamos con todas las herramientas, muchas veces, por enfermedad, situación personal, contexto, etc, etc, para, inconscientemente, ejercitarla. Sin embargo, sí podemos decidir ser autónomos en el aprendizaje, responsabilizarnos y decidiendo sobre cómo queremos que sea el mismo, cuáles son nuestros objetivos, cómo deseamos que se desarrollen las prácticas, cuáles son las técnicas, estrategias y materiales que consideramos más adecuados a nuestra personalidad y, por tanto, más efectivos para nuestro aprendizaje (todas estas cuestiones, como sabemos, las hemos visto ya en la unidad anterior cuando hablábamos de las decisiones que, según la enseñanza comunicativa de las lenguas, debe tomar o puede tomar el alumno que se enfrenta a una lengua extranjera por primera vez, dado su el nuevo papel que tanto a él como al profesor se le otorga, tras la crisis del método, en la nueva metodología que se intenta aplicar en el aula.
NOTA: Sin embargo, supongo que aquí estamos hablando de autonomía en el aprendizaje, y, según el diccionario de términos clave de ELE del Instituto Cervantes, entendemos por tal "la capacidad que desarrolla el alumno para organizar su propio proceso de aprendizaje". Continúa el diccionario diferenciándola de la autonomía general, que es, dice "de carácter espontáneo e inconsciente, que cada persona puede ejercer en la vida cotidiana, la autonomía en el aprendizaje es intencional, consciente, explícita y analítica." Su ejercicio implica la determinación del aprendiente de ser responsable y de tomar decisiones personales sobre su aprendizaje, así como la voluntad de participar, junto con el docente, en la negociación de los siguientes aspectos: la identificación de las propias necesidades de aprendizaje y la definición de sus objetivos; la planificación de las clases; la selección de los contenidos y el establecimiento de su secuenciación; la selección de los materiales didácticos adecuados; el entrenamiento en el uso de técnicas y estrategias varias, pero muy especialmente las de aprendizaje y las metacognitivas; y, finalmente, la realización de la autoevaluación.
CONCLUSIÓN: como vemos, la definición genérica de autonomía no es válida como punto de partida del estudio de la autonomía en el aprendizaje. Para que la puedan desarrollar adecuadamente los alumnos, hemos de saber que cuando hablamos de autonomía del aprendizaje nos estamos refiriendo a términos como responsabilidad, reflexión, estrategias, consciencia, "aprender a aprender", etc.
NOTA IMPORTANTE: no debemos confundir nunca autonomía con autoaprendizaje, sin profesor. La autonomía sólo se desarrolla cuando se pone un plan de acción en relación con el profesor, los alumnos de la clase y la vida social.